El
siguiente texto fue leído por el autor de este blog en la
presentación de Los pájaros están en su lugar, libro de
fotografías de Adrián Bodek.
Valdría
la pena preguntar dónde están los pájaros cuando uno llega al
final del libro de Adrián Bodek y cree entender el sentido de lo que
ha visto.
En
esas últimas páginas hay una foto conclusiva que muestra una serie
de jaulas vacías bajo un carrizo con una frase que nos advierte:
“Los pájaros están en su lugar”.
Pero
cuál es ese lugar en que se encuentran. Ahí es donde la metáfora
se abre paso en versos visuales, desbroza la realidad abigarrada y
nos deslumbra con destellos que parecen imposibles.
En
efecto, los pájaros han encontrado su lugar, el espacio al que
pertenecen, el ámbito que le da sentido a sus alas, a su venturosa
calidad voladora. Es decir, los pájaros están en el aire, baten sus
alas o las mantienen fijas para planear, para aprovechar las
corrientes, para desafiar la gravedad, para gozar a plenitud del
vuelo, ese deseo de Leonardo vuelto planos de mecanismos intrincados,
ese anhelo que nos viene de Ícaro y hoy nos lleva al espacio
sideral.
Sí,
los pájaros ya no son más parte de esa aberración humana del
presidio, dejaron atrás el encierro fijado a la pared, abandonaron
las jaulas.
Los
pájaros ya están en libertad y desde ella habría que imaginar
dónde posan su mirada, en que preciso lugar aterrizan, sobre qué
objetos, árboles, piedras, bardas, alféizares o fachadas detienen
sus patas.
¡Claro!,
ahí está la respuesta, tras la mirada en libertad, tras el vuelo de
la imaginación, tras el batir constante de las alas del oficio, tras
el osado desafío a la gravedad de la ortodoxia.
Creo
avizorar a Adrián burlándose de sí mismo para eludir, con su
rijosa manera de ser, el filo exquisito de la profundidad de su
mirada, la ojiva de su sensibilidad impactando en una metáfora
precisa, para entregarnos, si queremos verlo y entenderlo, el mensaje
de una otra realidad que huye de lo cotidiano sin soslayarlo.
Son
imágenes que desmienten la simplicidad del discurso único, que
subvierten la uniformidad del gris precisamente a partir de una
inconmensurable gama de grises que nos dicen, como Kundera, que la
vida está en otra parte, que Rimbaud tiene razón y las jaulas no
sirven para entender el mundo.
La
mirada de Adrián Bodek es un bello desmentido a la simplificación,
o para decirlo en contrapunto: un hermoso discurso sobre la
complejidad, la diversidad y la ruptura de límites.
De
manera que afortunadamente los pájaros están en libertad y en su
vuelo se alimentan de imágenes que nos proponen una manera distinta
de ver la realidad, una sensibilidad diferente para interpretar el
mundo, una percepción diversa para enfocar nuestra mirada.
Y
sí, esas cualidades son precisamente las de la poesía, que en el
trabajo de Adrián Bodek construyen su nido con ramitas de luz que
entrevaran el ámbito, el hábitat de un oficio luminoso.
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