jueves, 5 de mayo de 2016

Adrián Bodek y los pájaros


El siguiente texto fue leído por el autor de este blog en la presentación de Los pájaros están en su lugar, libro de fotografías de Adrián Bodek.

Valdría la pena preguntar dónde están los pájaros cuando uno llega al final del libro de Adrián Bodek y cree entender el sentido de lo que ha visto.

En esas últimas páginas hay una foto conclusiva que muestra una serie de jaulas vacías bajo un carrizo con una frase que nos advierte: “Los pájaros están en su lugar”.

Pero cuál es ese lugar en que se encuentran. Ahí es donde la metáfora se abre paso en versos visuales, desbroza la realidad abigarrada y nos deslumbra con destellos que parecen imposibles.

En efecto, los pájaros han encontrado su lugar, el espacio al que pertenecen, el ámbito que le da sentido a sus alas, a su venturosa calidad voladora. Es decir, los pájaros están en el aire, baten sus alas o las mantienen fijas para planear, para aprovechar las corrientes, para desafiar la gravedad, para gozar a plenitud del vuelo, ese deseo de Leonardo vuelto planos de mecanismos intrincados, ese anhelo que nos viene de Ícaro y hoy nos lleva al espacio sideral.

Sí, los pájaros ya no son más parte de esa aberración humana del presidio, dejaron atrás el encierro fijado a la pared, abandonaron las jaulas.

Los pájaros ya están en libertad y desde ella habría que imaginar dónde posan su mirada, en que preciso lugar aterrizan, sobre qué objetos, árboles, piedras, bardas, alféizares o fachadas detienen sus patas.

¡Claro!, ahí está la respuesta, tras la mirada en libertad, tras el vuelo de la imaginación, tras el batir constante de las alas del oficio, tras el osado desafío a la gravedad de la ortodoxia.

Creo avizorar a Adrián burlándose de sí mismo para eludir, con su rijosa manera de ser, el filo exquisito de la profundidad de su mirada, la ojiva de su sensibilidad impactando en una metáfora precisa, para entregarnos, si queremos verlo y entenderlo, el mensaje de una otra realidad que huye de lo cotidiano sin soslayarlo.

Son imágenes que desmienten la simplicidad del discurso único, que subvierten la uniformidad del gris precisamente a partir de una inconmensurable gama de grises que nos dicen, como Kundera, que la vida está en otra parte, que Rimbaud tiene razón y las jaulas no sirven para entender el mundo.

La mirada de Adrián Bodek es un bello desmentido a la simplificación, o para decirlo en contrapunto: un hermoso discurso sobre la complejidad, la diversidad y la ruptura de límites.

De manera que afortunadamente los pájaros están en libertad y en su vuelo se alimentan de imágenes que nos proponen una manera distinta de ver la realidad, una sensibilidad diferente para interpretar el mundo, una percepción diversa para enfocar nuestra mirada.


Y sí, esas cualidades son precisamente las de la poesía, que en el trabajo de Adrián Bodek construyen su nido con ramitas de luz que entrevaran el ámbito, el hábitat de un oficio luminoso.

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