jueves, 29 de octubre de 2015

La doble vida de Miss Oginia


Quienes subieron a la red el video del programa A toda máquina, que transmite Televisa en Ciudad Juárez, debieron advertir a su potencial audiencia sobre la conveniencia de tomar dramamina antes de verlo, porque verdaderamente es una experiencia nauseabunda.

Imagino que por su virulencia ya la mayoría habrá visto las imágenes en donde un barbaján de nombre Enrique Tovar se propasa ante las cámaras con su compañera de emisión, Tania Reza. La vulgaridad rampante de esa escena desborda la imaginación, no hay equívoco posible, Tovar despliega todo un abanico de acoso sexual, misoginia, desprecio e impudor.

Ante el alevoso ataque, Reza demuestra su enojo ostensiblemente y pone distancia ante su “compañero”, quien crecido continúa su andanada acosadora hasta el momento en que Tania se despoja del micrófono y sale de la escena argumentando, con toda razón, que así no se puede trabajar. No satisfecho con su enardecida patanería, el machín “explica” a los televidentes que la reacción de la conductora se debe, no faltaba más, a que sus hormonas están alteradas.

Uno presupone que las emisiones televisivas cuentan con un productor, es decir, alguien con autoridad para poner freno, para mandar un corte y reconvenir al patán en escena, para orientar los programas hacia determinados lineamientos empresariales, donde uno imagina que existe un cartabón para acotar excesos y que cuenta con un mínimo control de calidad. Tal parece que en esa emisora no hay tal.

Para mayor prez y gloria de Televisa, ese programa se transmite nada menos que en Ciudad Juárez, urbe que ha ganado la infame posición puntera, a escala mundial, de ser tierra de feminicidio. A ese grado de insensibilidad social ha llegado la empresa, a semejante nivel de degradación y cinismo donde ya nada importa porque nada se sanciona, nomás faltaba.

Sólo que la virulencia que alcanzó ese atropello en las redes sociales despertó una indignación encendida, no únicamente en el país, lo que preocupó, ahora sí, a los ejecutivos de la televisora, a quienes no se les ocurrió mejor control de daños que amenazar a Reza, obligarla a que se retractara en otra emisión del mismo programa, supuestamente arguyendo que la salvajada transmitida era un acuerdo entre Tovar y ella para aumentar el rating del programa.

No duró mucho el remedio, porque la conductora publicó en su página de Facebook que la retractación había sido una farsa, entonces, ya presionados, los directivos de la televisora decidieron despedir a ambos personajes y suspender, cualquier cosa que eso sea, al productor, que oh sorpresa, nos enteramos que sí existe.

Y para que la telenovela tuviera final feliz, en una nueva vuelta de tuerca Televisa reinstaló a los dos conductores y separó momentáneamente al productor y al director de la emisora de Ciudad Juárez... todo bien, muy mono, aséptico, y con esta jugada cierra la emisión de esta teleserie que bien podría llamarse La doble vida de Miss Oginia, con la representación de la pareja que superó sus desavenencias, los villanos que resultaron castigados y todos felices, sólo que...

Si el asunto tuvo visos de realidad, es una atrocidad, y si fue una farsa montada para aumentar su audiencia, peor, porque cualquiera que sea el caso, resulta una muestra fehaciente del subterráneo nivel de la televisión comercial mexicana. El quemón de la empresa, gracias a la virulencia que alcanzó el asunto en redes sociales, fue urbi et orbi. y ahí no hay vuelta de hoja.

PD.- Tienen razón de estar alarmados el gobierno y las televisoras por el apagón analógico, qué tal que a la gente se le ocurre leer.






miércoles, 21 de octubre de 2015

Una burbuja de oxígeno

En el tráfago alucinante que se ha vuelto la vida en nuestro país, con la violencia, la impunidad, la injusticia y la desigualdad campeando a sus anchas con una normalidad que exige su derecho de naturalización para convertirse en la nefasta neblina que nos envuelve, la Feria Internacional del Libro del Zócalo devino oasis, burbuja de oxígeno, barniz indispensable de optimismo.

El último fin de semana del encuentro editorial hizo frío, hubo lluvia y sopló viento, así que al salir del Metro al Zócalo pensé encontrar un paisaje de carpas semivacías con dependientes al borde del aburrimiento y templándose con una taza de café. Lo que vi resultó abrumador.

Una multitud entraba y salía de infinidad de carpas de todos tamaños. La gente curioseaba, se ponía al día en cuanto a novedades, buscaba títulos o autores específicos, cotejaba precios y ediciones. Algunos abrían paraguas para deambular, otros sólo cruzaban de un puesto a otro bajo la lluvia, más atentos al aguacero editorial que inundaba las mesas que a la llovizna helada.

Ver tanta gente ávida convocada, invocada, por los libros, fue algo feliz y apabullante. Lo mismo niños que ancianos en sillas de ruedas se paseaban entre volúmenes insospechados, como si anduvieran por casa. Pero si esto era en sí una alegría, otro aspecto resultó demoledor.



Porque la feria, además, reúne a autores, especialistas, críticos o testimoniantes para redondear la experiencia cultural. Diversos foros organizan presentaciones de libros, lectura de textos, conversaciones públicas, debates, mesas redondas, en fin, sinnúmero de actividades que se arman en torno a la lectura, a su aliento, a su extensión.

Entre estos foros destaca, por méritos sobresalientes, el que alienta la Brigada para Leer en Libertad. Paco Taibo, Paloma Sáiz y Beatriz Sánchez a la cabeza, la han convertido en un hito a escala internacional, pero ya regresaremos a este tema en otra ocasión. Lo que ahora me ocupa es el foro que llevó por nombre Eduardo Galeano, ahí fue evidente que la capacidad de convocatoria de la brigada se incrementa cada día más; sin boato ni relumbrón reúne a una multitud variopinta que cruza diagonalmente clases, educaciones formales y formaciones culturales.

Este experimento callejero se ha convertido en una suerte de universidad popular, en un aula de unos 500 asientos que casi invariablemente resultan insuficientes para albergar al público que ahí se agolpa, así que en un sitio de 20 por 30 metros –aunque este año, incomprensiblemente, fue reducido– es común ver a cientos de personas que aun de pie atienden lo mismo a una lectura de poesía, una mesa redonda sobre el sismo de 1985, una discusión sobre el periodismo narrativo de nuestros días, un debate sobre la vigencia del pensamiento marxista, una desternillante plática entre caricaturistas, un diálogo entre Almudena Grandes y Elena Poniatowska o una emocionante charla de Paco Taibo con Guillermo del Toro, a través de un ciberenlace a Nueva York, donde ahora filma este director y productor emblemático.

Por ahí también pasaron Álvaro García Linera, intelectual de hondura que ahora se desempeña como vicepresidente de Bolivia; el escritor venezolano Luis Britto, ganador del Premio Casa de las Américas; los analistas Héctor Díaz Polanco y Armando Bartra; los escritores Gisbert Haefs, de Alemania, el colombiano Nahum Montt, el italiano Bruno Arpaia y el poeta español Luis García Montero, es decir, una muestra de que la calidad de las discusiones no tuvo desperdicio.


Un lujo haber estado ahí, ver a esa multitud entusiasmada en medio de libros, presenciar con azoro la atención con que la gente seguía las discusiones en plena plaza pública, constatar, una vez más, que, sin duda, el aprendizaje está donde menos se espera y que las lecciones más hondas se encuentran en lo colectivo.