Quienes
subieron a la red el video del programa A toda
máquina,
que transmite Televisa en Ciudad Juárez, debieron
advertir a su potencial audiencia sobre la conveniencia de tomar
dramamina antes de verlo, porque verdaderamente es una experiencia
nauseabunda.
Imagino
que por su virulencia ya la mayoría habrá visto las imágenes en
donde un barbaján de nombre Enrique Tovar se propasa ante las
cámaras con su compañera de emisión, Tania Reza. La vulgaridad
rampante de esa escena desborda la imaginación, no hay equívoco
posible, Tovar despliega todo un abanico de acoso sexual, misoginia,
desprecio e impudor.
Ante
el alevoso ataque, Reza demuestra su enojo ostensiblemente y pone
distancia ante su “compañero”, quien
crecido continúa su andanada acosadora hasta el momento en que Tania
se despoja del micrófono y sale de la escena argumentando, con toda
razón, que así no se puede trabajar. No satisfecho con su
enardecida patanería, el machín “explica” a los televidentes
que la reacción de la conductora se debe, no faltaba más, a que sus
hormonas están alteradas.
Uno
presupone que las emisiones televisivas cuentan con un productor, es
decir, alguien con autoridad para poner freno, para mandar un corte y
reconvenir al patán en escena, para orientar los programas hacia
determinados lineamientos empresariales, donde uno imagina que
existe un cartabón para acotar excesos y que cuenta con un mínimo
control de calidad. Tal parece que en esa emisora no hay tal.
Para
mayor prez y gloria de Televisa, ese programa se transmite nada menos
que en Ciudad Juárez, urbe que ha ganado la infame posición
puntera, a escala mundial, de ser tierra de feminicidio. A ese grado
de insensibilidad social ha llegado la empresa, a semejante nivel de
degradación y cinismo donde ya nada importa porque nada se sanciona,
nomás faltaba.
Sólo
que la virulencia que alcanzó ese atropello en las redes sociales
despertó una indignación encendida, no únicamente en el país, lo
que
preocupó, ahora sí, a los ejecutivos de la televisora, a quienes no
se les ocurrió mejor control de daños que amenazar a Reza,
obligarla a que se retractara en otra emisión del mismo programa,
supuestamente arguyendo que la salvajada transmitida era un acuerdo
entre Tovar y ella para aumentar el rating
del programa.
No
duró mucho el remedio, porque la conductora publicó en su página
de Facebook que la retractación había sido una farsa, entonces, ya
presionados, los directivos de la televisora decidieron despedir a
ambos personajes y suspender, cualquier cosa que eso sea, al
productor, que oh sorpresa, nos enteramos que sí existe.
Y
para que la telenovela tuviera final feliz, en
una nueva vuelta de tuerca Televisa
reinstaló a los dos conductores y separó momentáneamente al
productor y al director de la emisora de Ciudad Juárez... todo bien,
muy mono, aséptico, y con esta
jugada
cierra la emisión de esta teleserie que bien podría llamarse La
doble vida de Miss Oginia,
con la representación de la pareja que superó sus desavenencias,
los villanos que resultaron castigados y todos felices, sólo que...
Si
el asunto tuvo visos de realidad, es una atrocidad, y si fue una
farsa montada para aumentar su audiencia, peor, porque cualquiera que
sea el caso, resulta una muestra fehaciente del subterráneo nivel de
la televisión comercial mexicana. El quemón
de la
empresa, gracias a la virulencia que alcanzó el
asunto en
redes sociales, fue urbi et orbi. y
ahí no hay vuelta de hoja.
PD.-
Tienen razón
de estar alarmados el gobierno y las televisoras por
el apagón analógico, qué tal que a la gente se le ocurre leer.