miércoles, 4 de noviembre de 2015

Falló Fayad

Todo apunta a que se frustró el nuevo intento por coartar y criminalizar la crítica a través de las redes sociales, esta vez a cargo de Omar Fayad, presidente de la Comisión de Seguridad Pública del Senado.

Fue otra intentona, porque habría que recordar la llamada Ley Antituitera, que prohijó el gobernador de Veracruz, Javier Duarte, tan tolerante con las críticas de opositores y periodistas, y el episodio de #EPNvsInternet, que también con aviesas intenciones coercitivas formó parte de la Ley de Telecomunicaciones, esas iniciativas fueron enterradas por el alud de críticas que suscitaron las propuestas para restringir la libertad en las redes sociales.

Existe un consenso abrumador acerca de la necesidad de regular las redes en abominables casos específicos, como la pornografía infantil, la trata de personas, el ciberterrorismo, el robo de identidad y el fraude electrónico, entre otros delitos informáticos. Pero de ahí a restringir libertades hay años luz de distancia.

Es una apetitosa tentación del poder controlar las manifestaciones del descontento que proliferan en Internet, que en el caso mexicano se vuelcan día con día en esa telaraña creciente de interconexión de redes que ha dado salida a una irritación inocultable.

Ante la magnitud del rechazo, el senador Fayad dio marcha atrás y dijo, en un exceso retórico, que incluso quemaría su propuesta, porque lejos de él, aseveró, intentar suprimir la crítica a funcionarios y políticos, agregó que su iniciativa fue tergiversada, aunque reconoció que su redacción ciertamente había sido confusa.

Es un extraño caso de impericia jurídica para alguien que ha sido diputado federal en dos ocasiones; en Hidalgo presidente municipal de Pachuca y secretario de Educación Pública. Además, fue presidente nada menos que del Centro de Estudios de Derecho en Investigaciones Parlamentarias. De manera que como jurisconsulto, falló Fayad.

Aunque, por otra parte, no extraña el afán represivo en quien ha sido procurador general de Justicia de Hidalgo, coordinador de asesores del subsecretario de Seguridad Pública en la Secretaría de Gobernación, primer comisionado de la Policía Federal Preventiva y ahora presidente de la Comisión de Seguridad Pública del Senado. Así que, afortunadamente, en el filo persecutorio de su iniciativa, volvió a fallar Fayad.

Sólo a partir de un divorcio enorme de la realidad se puede pensar que en la madeja de un batiburrillo se puede ocultar la punta de la hebra, sobre todo cuando la evidencia apunta a que los cibernautas mexicanos son ciertamente avezados y han aprendido a desconfiar de cualquier propuesta que provenga del poder, eso también explica el fracaso de los dos intentos anteriores.

Quizá el senador pensó que la tercera sería la vencida y que si alcanzaba su objetivo de ocultar las intenciones subyacentes en la propuesta de Ley Federal para Prevenir y Sancionar los Delitos en Materia Informática ganaría puntos en su promisoria carrera política. Esta vez su insensibilidad le metió un gol y al despreciar la inteligencia de la sociedad cometió un enorme error de cálculo, o sea que también en materia de estrategia política, nuevamente falló Fayad.

Sin embargo, el problema no es el senador priísta Omar Fayad sino el sistema que en su soberbia ha perdido instinto y reflejos. Como un remanente del alguacil de Nottingham, en su visión profundamente antipopular mantiene la pulsión de afectar a la gente de a pie, de esquilmarla, de acotarla, de tratar de anular su voluntad de resistencia. La burbuja en que habitan los de la cúpula los obnubila y les impide ver una realidad que bulle subterráneamente, intentan desaparecer la válvula de escape cuando lo verdaderamente importante sería quitar presión a la olla exprés: mitigar la abismal desigualdad y redistribuir el ingreso, restaurar el estado de derecho a partir de la impartición real de justicia, recuperar la soberanía nacional y combatir a fondo y con verdadera voluntad política la corrupción que pudre la vida del país, pero eso no es parte de su dogma neoliberal y no saben otra canción.

Dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver.

PD.- Al descubrirse el subtexto de su iniciativa y fracasar en la encomienda, me pregunto si en su intento por ser gobernador de Hidalgo, ¿volverá a fallar Fayad?


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