Todo
apunta a que se frustró el nuevo intento por coartar y criminalizar
la crítica a través de las redes sociales, esta vez a cargo de Omar
Fayad, presidente de la Comisión de Seguridad Pública del Senado.
Fue
otra intentona, porque habría que recordar la llamada Ley
Antituitera,
que prohijó el gobernador de Veracruz, Javier Duarte, tan tolerante
con las críticas de opositores y periodistas, y el episodio de
#EPNvsInternet,
que también con aviesas
intenciones
coercitivas formó parte de la Ley de Telecomunicaciones, esas
iniciativas fueron enterradas por el alud de críticas que suscitaron
las propuestas para restringir la libertad en las redes sociales.
Existe
un consenso abrumador acerca de la necesidad de regular las redes en
abominables casos específicos, como la pornografía infantil, la
trata de personas, el ciberterrorismo, el robo de identidad y el
fraude electrónico, entre otros delitos informáticos. Pero de ahí
a restringir libertades hay años luz de distancia.
Es
una apetitosa tentación del poder controlar las manifestaciones del
descontento que proliferan en Internet, que en el caso mexicano se
vuelcan día con día en esa telaraña creciente de interconexión de
redes que ha dado salida a una irritación inocultable.
Ante
la magnitud del rechazo,
el senador Fayad dio
marcha atrás y
dijo, en un exceso retórico, que incluso quemaría su propuesta,
porque lejos de él, aseveró, intentar suprimir la crítica a
funcionarios y políticos, agregó que su iniciativa fue
tergiversada, aunque reconoció que su redacción ciertamente había
sido confusa.
Es
un extraño caso de impericia jurídica para alguien que ha sido
diputado federal en dos ocasiones; en Hidalgo presidente municipal de
Pachuca y secretario de Educación Pública. Además, fue presidente
nada menos que del Centro de Estudios de Derecho en Investigaciones
Parlamentarias. De manera que como jurisconsulto, falló Fayad.
Aunque,
por otra parte, no extraña el afán represivo en quien ha sido
procurador general de Justicia de Hidalgo, coordinador de asesores
del subsecretario de Seguridad Pública en la Secretaría de
Gobernación, primer comisionado de la Policía Federal Preventiva y
ahora presidente de la Comisión de Seguridad Pública del Senado.
Así que, afortunadamente, en el filo persecutorio de su iniciativa,
volvió a fallar Fayad.
Sólo
a partir de un divorcio enorme de la realidad se puede pensar que en
la madeja de un batiburrillo se puede ocultar la punta de la hebra,
sobre todo cuando la evidencia apunta a que los cibernautas mexicanos
son ciertamente avezados y
han aprendido a desconfiar de cualquier propuesta que provenga del
poder, eso también
explica el fracaso de los dos intentos anteriores.
Quizá
el senador pensó que la tercera sería la vencida y que si alcanzaba
su objetivo de ocultar las intenciones subyacentes en la propuesta de
Ley Federal para Prevenir y Sancionar los Delitos en Materia
Informática ganaría puntos en su promisoria carrera política. Esta
vez su insensibilidad le metió un gol y al despreciar la
inteligencia de la sociedad cometió un enorme error de cálculo, o
sea que también en materia de estrategia política, nuevamente falló
Fayad.
Sin
embargo, el problema no es el senador priísta Omar Fayad sino el
sistema que en su soberbia ha perdido
instinto y reflejos. Como un remanente del alguacil de Nottingham, en
su visión profundamente antipopular mantiene la
pulsión de afectar a la gente de a pie, de esquilmarla, de acotarla,
de tratar de anular su voluntad de resistencia. La burbuja en que
habitan
los de la
cúpula los obnubila y les impide ver una realidad que bulle
subterráneamente, intentan desaparecer la válvula de escape cuando
lo verdaderamente importante sería quitar presión a la olla exprés:
mitigar la abismal desigualdad y redistribuir el ingreso, restaurar
el estado de derecho a partir de la impartición real de justicia,
recuperar la soberanía nacional y combatir a fondo y con verdadera
voluntad política la corrupción que pudre la vida del país, pero
eso no es parte
de su
dogma neoliberal y
no saben otra canción.
Dicen
que no hay peor ciego que el que no quiere ver.
PD.-
Al descubrirse el subtexto de su iniciativa y fracasar en
la
encomienda, me
pregunto si en
su intento por
ser gobernador de Hidalgo, ¿volverá a fallar Fayad?
No hay comentarios.:
Publicar un comentario